¿Sabes cuántas de las fotografías que ves están retocadas?

Dicen que una imagen vale más que mil palabras, y es posible que así sea, al menos en los tiempos que corren, en los que las relaciones sociales poco o nada tienen que ver con el tú a tú. Las conversaciones se tienen a través de dispositivos móviles y los gustos y preferencias personales se expresan a través de likes. Todo esto ha catapultado a las fotografías e imágenes hasta la cima de la importancia, tal es así que algunos han llegado a poner sus vidas en grave peligro por obtener una imagen más impactante que los demás, sin otro ánimo que superar en likes a los que antes habían frecuentado ese mismo lugar, desgraciadamente, algunos de ellos perecieron antes de poder verlo. Pero no solo arriesgan sus vidas para conseguir el mejor selfie, la edición fotográfica ha alcanzado límites que rozan lo ético, mostrando cuerpos de curvas imposibles y rostros perfectos que se alejan mucho de lo real. La polémica está servida desde hace años, no obstante, los cursos de retoque fotográfico siguen ganando adeptos.

Dicen los expertos en fotografía que la edición fotográfica data de bien antiguo, que no es nada nuevo. Y mientras los más clásicos y puristas defienden la fotografía en estado puro, es decir, sin retoque alguno. Otros defienden la edición y el retoque fotográfico como una parte esencial de la fotografía en sí misma. Entre ambas posturas existen una amplia gama de posibilidades. Y es que, no es lo mismo la fotografía periodística en la que es imprescindible ser fiel a la realidad que, por ejemplo, la fotografía publicitaria. Mientras que en la primera lo que se intenta es captar la atención del lector a través de una imagen capaz de provocar sentimientos, en la segunda lo que se intenta es vender un producto y para ello en la gran mayoría de los casos se recurre a los retoques fotográficos.

Los más grandes fotógrafos han conseguido impactar con sus imágenes, mostrando una realidad, que en ocasiones se torna cruel a los ojos de unos mortales que permanecen impasibles ante grandes problemas que amenazan a buena parte de la población, haciéndoles apartar la vista. Algo muy distinto a lo que hacen cuando inmersos en sus redes sociales se empeñan en repasar todas y cuantas fotografías han subido sus amistades o aquellas personas a las que siguen. ¿Hipocresía?, quién sabe si ese es el término correcto.

Al margen del gran debate sobre si el retoque fotográfico es o no ético, lo que está claro es que los cursos de retoque fotográfico, así como la edición digital, son un imprescindible para todos aquellos que deseen introducirse en un mundo, el de la imagen y la fotografía, que cada vez adquiere mayor relevancia.

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