¿Quién se atreve a hacer planes de negocio sin contar con el Internet de las Cosas?

Polar y Runkeeper, cosas e internet – Juan Luis Polo 2014

El médico prescribe una receta. El paciente acude a la farmacia y le dispensan los medicamentos: tres veces al día las píldoras rojas, 1 por la noche para el colesterol, otra más para la tensión por la mañana, el diurético… Demasiadas pastillas suelen provocar errores en el tratamiento, lo que a menudo genera problemas médicos añadidos.

Vitaly-GlowCap es una de esas empresas que reflexiona sobre las nuevas posibilidades que nos brinda la tecnología para convertir cualquier objeto en un emisor de información. ¿Por qué no un pastillero? Y a ello se pusieron: han desarrollado un dispositivo que avisa al usuario con sonidos y luces cuándo y qué pastilla debe tomar en cada ocasión. Sensores de peso en el depósito del medicamento registra si ha sido retirado y en caso contrario, lanza un aviso a un familiar o a su médico. Una llamada telefónica o un mensaje de voz al móvil soluciona el problema.

El Internet de las Cosas (IdC) nos hace mirar el mundo de otra forma. Un pastillero no ha de ser solo un pastillero, de la misma forma que, por ejemplo, una cama no tiene por qué ser solo un lugar para dormir –puede reconocer cómo descansamos y adaptar la dureza del colchón y la intensidad y el color de la luz para mejorar nuestro sueño– ni una camiseta una simple prenda –puede medir nuestras constantes vitales, la sudoración…–. La combinación prodigiosa de sensores, conectividad y procesadores se convierte en un vehículo de cambio revolucionario tanto para el consumo como para la industria.

“El IdC genera datos básicos con los que desarrollar nuevas oportunidades para lanzar nuevos servicios y generar más ingresos”, comentaba Paul Daugherty, responsable de Tecnología de Accenture, compañía que ha presentado recientemente un informe sobre el tema con estos datos:

  • La inversión global de las empresas en el IdC será de 500.000 millones de dólares en 2020, un 2.400% más que en 2012.
  • Para ese mismo año se estima que habrá unos 500 objetos/máquinas conectadas en cada hogar. Más de 9.000 millones de dispositivos en todo el mundo, según otros medios.
  • Las empresas que introduzcan automatización y técnicas de producción flexible podrían elevar su productividad hasta un 30%.
  • El mantenimiento predictivo de las máquinas puede suponer un ahorro de hasta el 12% en reparaciones programadas, reducir hasta un 30% los costes de mantenimiento y eliminar un 70% de las averías.

El desafío por tanto para las empresas es contemplar un horizonte que obliga a repensarlo casi todo, no solo para responder a las demandas de los consumidores, sino para anticiparse a ellas a través del Big Data que nos proporcionan las cosas que utilizan a diario. Claro que todo esto además plantea otro escenario: si el IdC va a cambiar el mercado, también tendrá que hacerlo la organización y el sistema de producción de las propias empresas. ¿Cómo?

  • En la producción. El cambio más evidente. Habrá que idear nuevos dispositivos y adaptar los productos que existen y funcionan a esa necesidad de conectarlo todo. Por ejemplo, los fabricantes de depósitos de residuos sabrán que sus productos deberán informar sobre la cantidad de basura no reciclable que acumula cada vecino, como ya se hace en un barrio residencial de Cincinnati (EE.UU), para que pague su tasa dependiendo de ello. Por tanto, es imprescindible la flexibilidad y la capacidad de adaptación tecnológica de las compañías.
  • En la financiación y venta. Nuevos productos suponen nuevas inversiones que hay que saber rentabilizar. Sabemos cuánto cuesta hacer una tubería y las llaves para el control de flujo, pero ¿cuál es el precio de un servicio que incluya recibir información sobre el estado de la tubería, sobre posibles fugas y el cálculo de esas pérdidas? ¿Los ingresos se basará en la venta de cada unidad? ¿Se establece un servicio de seguimiento y reparaciones?
  • Nuevos departamentos técnicos. Implementar el IdC obliga a incorporar sistemas de telemetría, bluetooth, desarrollo de sensores, implementación de procesadores… Incluso si esos sistemas se desarrollan en colaboración con empresas especializadas, será necesario un control técnico del fabricante que solo pueden realizar sus propios expertos.
  • Nuevas necesidades de personal. Es la conclusión lógica del punto anterior: ingenieros, programadores, informáticos… Otros puestos de trabajo con perfiles distintos a lo habituales en una fábrica de camas, por recuperar el ejemplo ya utilizado.

Más inversiones, más dificultades técnicas, más exigencias en la organización y en las estructuras laborales… Sí, verdad, como lo es también las increíbles oportunidades de negocio que genera el IdC… para quien sepa leer el futuro y adaptarse.

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