Páginas en idioma nativo, claves para llegar al cliente

Es cierto que cada vez está más extendido el uso de anglicismos para referirnos a objetos o procesos. Parece que ofrece más credibilidad en una reunión hablar de branding antes que de marca, de timing antes que de calendarios y de deadlines en vez de fecha de entrega o cierre.

Parte de culpa de esta extensión del lenguaje se debe a que muchos de los procesos o conceptos vienen del mundo anglosajón. Y parece que si se dice en inglés, donde el mundo del marketing y la comunicación son aún más valorados que en el mundo hispano, aumenta la credibilidad.

Pero ahora hay que hacer una reflexión de marca profunda. Si nuestro público está en un país de habla hispana, poner un texto parecido a registrar con este bookmaker en la web sería algo, cuanto menos, curioso.

No hace falta decir que siempre es recomendable que, cuando vayas a hablar con tu público objetivo, lo hagas en su idioma. Da igual que tu web sea para profesionales o para público general, se trata de hablar la misma lengua que el lector. Son contadas las ocasiones en las que no existe traducción de un concepto. De hecho, hoy en día hay anglicismos que ya están incluidos dentro de la Real Academia de la Lengua y, por tanto, podríamos incluso usarlos sin estar cometiendo una errata lingüística.

Pensando en nuestro cliente es como finalmente se conseguirá hablar con él, llegar a él y cerrar el trato. Es necesario, si tenemos una proyección internacional, crear las versiones en otros idiomas, pero no mezclando lenguas ya que supondría un esfuerzo extra para nuestro lector.

La funcionalidad de una página web, con diferentes apartados, secciones o incluso con la creación de páginas para campañas concretas que se encuentren dentro de la misma, parte de la base de la simpleza y también de que sea comprensible para todo el que llegue a ella.

Y es que un cliente convencido, es una compra probable y casi una fidelidad conseguida siempre que todo el proceso se realice de forma correcta y no ocasione ningún problema al comprador final.

No hay que dejar la página web como si todo valiera, porque es el primer y garrafal error que cometerá tu marca, tu empresa y tu bolsillo.

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