Capítulo 2: El nacimiento de los Gurusetes (2009 – __ )


En el capítulo anterior: 1.- De omnipresentes a intrascendentes.

El 2009 era el año de Facebook, con un retraso de un par de años, España se daba cuenta que había vida más allá de Tuenti. Tuenti, era una especie de clon adolescente de Facebook, que aprovechando las barreras idiomáticas de la península, consiguió penetrar en el público más joven y hacerse fuerte meses antes del desembarco de Zuckerberg en este país.

Es en 2009 cuando llegó la epidemia social, los ordenadores de España se tiñeron de azul y una F gigante empezó a ser nuestra segunda casa. Solicitudes de amistad, fotos de viajes y miles de cotilleos de amigos del pasado salían de las pantallas para entrar en las mesas de los bares, en el mundo OFF.

Pero en aquel momento, para la mayoría de los españoles esto de Facebook parecía una moda pasajera. Para los ejecutivos trajeados era “una cosa de chicos” y para las madres era “un peligro para los adolescentes”. Nadie se imaginaba en lo que se iba a convertir esto de “Faisbuk” y mucho menos un “microblog” llamado Twitter con un pájaro azul como logo. En aquellos tiempos, nadie sabía nada de estas “cosas de frikis”, nadie excepto los “GURUSETES”.

Los Gurusetes eran gente con un pasado dudoso y el don de la palabra bastante desarrollado. Una extraña mezcla que combinaba la elocuencia de un predicador evangelista con el look de un político de izquierdas (camisa sin corbata y el primer botón desabrochado).

Los Gurusetes emergieron de la nada, pero con mucho morro irrumpieron en nuestras vidas. Se empollaron al pie de la letra todos los trucos de Facebook y Twitter, se compraron un Iphone y comenzaron a dar lecciones a todas los que no sabían qué era un Community y mucho menos un texto en 140 caracteres. Se organizaron en “familias” y empezaron a entrar en las empresas con sus discursos sobre Gadgets, Community Management y “trucos sociales”. Pero sobre todo, comprando fans para tratar de mostrar a los estudiantes y Directores de Marketing que sus seguidores se contaban por miles, como si de una legión de fieles se tratara.

Lo curioso de esta historia es que mientras los Gurusetes se organizaban, el mundo publicitario se desmoronaba. Los más viejos dinosaurios del sector empezaron a salir despedidos y muchos otros, anclados en esa publicidad del siglo pasado, morían arrastrados por sus propias mentiras en anuncios, vallas y banners intrusivos. Toni Segarra, uno de los mejores creativos del siglo XX exclamaba en una ponencia: “Estabamos fenomenal hasta que llegó Internet”, nadie sabía qué hacer.

En medio de esta confusión y desesperadas por una crisis galopante, las marcas se rindieron al embrujo de los Gurusetes y muchas agencias pusieron en puestos de dirección a personajes que, antes de ser gurús, eran auténticos desconocidos. La promesa era el Social Media, pero había un detalle, los Gurusetes no tenían idea de Marketing, Comunicación, ni Publicidad, ellos sólo sabían tuitear de sí mismos.

La mentira de los Gurusetes continuaba y las RRSS se hacían más populares, entre evento y conferencia aumentaban su comunidad a golpe compra de fans y posts titulados como: “10 tips que debes conocer para tener más fans en FB” su imperio se hacía más creíble y quien se atreviera a contradecirlos era un hereje del pasado, pues en ese momento sólo había una única verdad, la de ellos.

Los años que siguieron al 2009 se convirtieron en la era dorada para los Gurusetes, ya que después de sus conferencias llegaba la noche y entre canapés y regalos eran sobornados por las marcas que buscaban ser nombradas en sus tweets, a tal punto, que algunos de ellos tuvieran el atrevimiento de autodenominarse: “Influencers”, creando así una nueva rama de los Gurusetes, uno de los términos más terribles que hemos tenido la desgracia de conocer y del que hablaremos en capítulos posteriores.

Pero amigos míos, los Gurusetes tenían un talón de Aquiles, podían hablar durante horas sobre un tema, escribir con una prosa impecable y hasta dar clases en grandes Universidades pero… jamás materializaban nada de aquello que predicaban. La mayor maldición del Gurusete era que, en una era de DOERS donde el valor venía de gente que emprendía y desafiaba imposibles ellos sólo se quedaban en retórica, proyectos a futuro, consejos manidos y esa actitud prepotente de ir de vuelta de todo.

Con el pasar de los años su discurso se quedó vacío, insustancial y lo peor de todo inservible para las marcas. A pesar de esto, los Gurusetes seguían en su bucle social: Tuiteando de sí mismos, enchufando a sus amigos, viviendo en grupos endogámicos y herméticos mientras otros, que jamás fueron de Gurusetes pero que trabajaron duro y con constancia, poco a poco fueron convenciendo a las marcas de hacer una publicidad con más hechos y menos charlas.

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